Corán – Sura 1 – Versículo 1

Sura 1 — « Al-Fātiḥa » — La AperturaRevelación mequense · 7 versículos

Muy breve, la sura al-Fātiḥa (literalmente “La Apertura”) abre el Corán en forma de una oración dirigida a Allāh, hecha de alabanza, petición de ayuda y solicitud de ser guiado por “el camino recto”.

Recitada diariamente en la oración ritual, marca el tono de la piedad coránica: adoración exclusiva, dependencia de Allāh y horizonte del Juicio. Plantea desde el inicio la cuestión central que desarrollará el resto del Corán: ¿qué es el “camino recto” y cómo reconocerlo?

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Sura 1 – Al-Fātiḥa – «La Apertura» – Versículo 1
بِسْمِ ٱللَّهِ ٱلرَّحْمَٰنِ ٱلرَّحِيمِ
Bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm
«En el nombre de Alá, el Todo-Misericordioso,
el Muy Misericordioso.»
En una palabra – El Corán comienza invocando a Alá y revelando que su primer rostro es la misericordia.

Lo que dice el texto

Este versículo abre el Corán e introduce la oración diaria del musulmán. Se recita al inicio de las cinco oraciones obligatorias y se repite en cada ciclo de oración, es decir, en cada secuencia completa de gestos y recitaciones que componen la oración. Así, se pronuncia al menos diecisiete veces al día en la oración ritual.

La fórmula comienza primero con el nombre de Alá y le asocia inmediatamente dos atributos: al-Raḥmān y al-Raḥīm, el Todo-Misericordioso, el Muy Misericordioso. Desde el inicio, el lector descubre a un Señor que se presenta como compasivo.

Antes de toda ley, antes de toda exigencia, la palabra se coloca bajo este nombre. El gesto es sencillo y solemne. El hombre habla porque se confía a un dios que concede gracia.

Lo que el Corán dice en otros lugares

La fórmula Bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm aparece al comienzo de casi todas las suras. Marca los inicios. Imprime al texto coránico un ritmo espiritual constante.

El Corán afirma que la misericordia de Alá «abarca todas las cosas» (S. 7,156). La sura 55 lleva incluso el título al-Raḥmān, el Todo-Misericordioso. La compasión divina atraviesa así todo el mensaje coránico.

Al mismo tiempo, el texto asocia con frecuencia la misericordia al perdón concedido a los creyentes. Aparece en el acto de salvar, absolver o juzgar con equidad. Se despliega en la historia de los hombres.

Lo que este texto pone en tensión

Los dos nombres de la misericordia han suscitado numerosas discusiones. Algunos exegetas ven en el primer atributo una bondad general hacia toda la humanidad y, en el segundo, una bondad particular hacia los fieles en el Día final. La cuestión del destino último entra entonces en juego.

Surge así una pregunta: ¿la misericordia depende de lo que Alá es en profundidad, en su propio ser, o únicamente de un decreto soberano?

La Biblia afirma: «Dios es amor».1 Este amor precede a la creación, no como una simple autosuficiencia divina, sino porque en Dios existe desde toda la eternidad una relación viva. El Padre ama al Hijo en el Espíritu. Así, la misericordia no es solamente un acto dirigido al mundo, sino la irradiación de un amor eterno ya plenamente vivido en Dios.

Otra cuestión surge si se afirma, como lo hace la tradición musulmana, que el Corán está conservado en el Cielo y existe desde toda la eternidad (S. 85,21-22). Si este Libro es eterno junto a Alá, ¿cómo comprender que comience con la invocación: «En el nombre de Alá»? ¿Quién pronuncia estas palabras? ¿Se trata de una palabra divina que habla de sí misma, o de una palabra humana insertada en un texto eterno? La articulación entre la eternidad del Libro y la estructura dialogada del texto abre aquí un problema teológico que la tradición islámica ha debido trabajar largamente.

Lo que ya se conocía

La raíz semítica r-ḥ-m, que se encuentra en los dos términos «r-raḥmāni r-raḥīm», existe también en hebreo. La palabra raḥamim remite a las entrañas maternas. Evoca una ternura profunda y visceral.

El Antiguo Testamento proclama: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y misericordioso» (Ex 34,6). Allí la misericordia se presenta como un rasgo esencial de Dios. No describe solo un gesto puntual, sino una fidelidad inscrita en la alianza.

El Corán retoma esta misma raíz y la coloca al inicio de su revelación. Sin embargo, no habla de una filiación real entre Dios y el hombre. La relación permanece siempre como la del siervo frente a su Señor.

Lo que la historia permite comprender

El nombre al-Raḥmān aparece en inscripciones del sur de Arabia varios siglos antes del islam. Designa ya a un dios supremo, a veces presentado como creador y juez. El Corán retoma este título antiguo y lo identifica explícitamente con el único Alá.

En los primeros años de la predicación islámica, este nombre sorprende a algunos oyentes mecánicos. El Corán relata su asombro y muestra claramente que existía un debate en torno a esta denominación: «¿Y qué es el Todo-Misericordioso?» (S. 25,60)

Muy pronto, sin embargo, la fórmula Bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm se convierte en la firma de actos y escritos. Abre cartas, tratados y recitaciones públicas. Así, la invocación de la misericordia modela progresivamente la conciencia religiosa de las primeras comunidades musulmanas.

Lo que esta lectura ilumina

Al colocar la misericordia en el umbral del Libro, el Corán modela una actitud interior. El creyente se acerca a Alá con confianza, consciente de depender de un Señor compasivo. La relación comienza bajo el signo de la benevolencia divina.

La fe cristiana acoge también esta misericordia, pero la contempla a través de un rostro: el de Cristo. En Jesús, la misericordia no se limita a un atributo proclamado; se convierte en presencia, palabra y entrega de sí. Se manifiesta en una relación en la que Dios se hace cercano.

Entonces surge una luz nueva: ¿la misericordia es solamente una cualidad del Dios único, o puede convertirse en comunión ofrecida al hombre? Si Dios es amor, ¿no es la misericordia la invitación a entrar en esa misma vida?

Lo que dice el texto

Este versículo abre el Corán e introduce la oración diaria del musulmán. Se recita al inicio de las cinco oraciones obligatorias y se repite en cada ciclo de oración, es decir, en cada secuencia completa de gestos y recitaciones que componen la oración. Así, se pronuncia al menos diecisiete veces al día en la oración ritual.

La fórmula comienza primero con el nombre de Alá y le asocia inmediatamente dos atributos: al-Raḥmān y al-Raḥīm, el Todo-Misericordioso, el Muy Misericordioso. Desde el inicio, el lector descubre a un Señor que se presenta como compasivo.

Antes de toda ley, antes de toda exigencia, la palabra se coloca bajo este nombre. El gesto es sencillo y solemne. El hombre habla porque se confía a un dios que concede gracia.

Lo que el Corán dice en otros lugares

La fórmula Bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm aparece al comienzo de casi todas las suras. Marca los inicios. Imprime al texto coránico un ritmo espiritual constante.

El Corán afirma que la misericordia de Alá «abarca todas las cosas» (S. 7,156). La sura 55 lleva incluso el título al-Raḥmān, el Todo-Misericordioso. La compasión divina atraviesa así todo el mensaje coránico.

Al mismo tiempo, el texto asocia con frecuencia la misericordia al perdón concedido a los creyentes. Aparece en el acto de salvar, absolver o juzgar con equidad. Se despliega en la historia de los hombres.

Lo que este texto pone en tensión

Los dos nombres de la misericordia han suscitado numerosas discusiones. Algunos exegetas ven en el primer atributo una bondad general hacia toda la humanidad y, en el segundo, una bondad particular hacia los fieles en el Día final. La cuestión del destino último entra entonces en juego.

Surge así una pregunta: ¿la misericordia depende de lo que Alá es en profundidad, en su propio ser, o únicamente de un decreto soberano?

La Biblia afirma: «Dios es amor».1 Este amor precede a la creación, no como una simple autosuficiencia divina, sino porque en Dios existe desde toda la eternidad una relación viva. El Padre ama al Hijo en el Espíritu. Así, la misericordia no es solamente un acto dirigido al mundo, sino la irradiación de un amor eterno ya plenamente vivido en Dios.

Otra cuestión surge si se afirma, como lo hace la tradición musulmana, que el Corán está conservado en el Cielo y existe desde toda la eternidad (S. 85,21-22). Si este Libro es eterno junto a Alá, ¿cómo comprender que comience con la invocación: «En el nombre de Alá»? ¿Quién pronuncia estas palabras? ¿Se trata de una palabra divina que habla de sí misma, o de una palabra humana insertada en un texto eterno? La articulación entre la eternidad del Libro y la estructura dialogada del texto abre aquí un problema teológico que la tradición islámica ha debido trabajar largamente.

Lo que ya se conocía

La raíz semítica r-ḥ-m, que se encuentra en los dos términos «r-raḥmāni r-raḥīm», existe también en hebreo. La palabra raḥamim remite a las entrañas maternas. Evoca una ternura profunda y visceral.

El Antiguo Testamento proclama: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y misericordioso» (Ex 34,6). Allí la misericordia se presenta como un rasgo esencial de Dios. No describe solo un gesto puntual, sino una fidelidad inscrita en la alianza.

El Corán retoma esta misma raíz y la coloca al inicio de su revelación. Sin embargo, no habla de una filiación real entre Dios y el hombre. La relación permanece siempre como la del siervo frente a su Señor.

Lo que la historia permite comprender

El nombre al-Raḥmān aparece en inscripciones del sur de Arabia varios siglos antes del islam. Designa ya a un dios supremo, a veces presentado como creador y juez. El Corán retoma este título antiguo y lo identifica explícitamente con el único Alá.

En los primeros años de la predicación islámica, este nombre sorprende a algunos oyentes mecánicos. El Corán relata su asombro y muestra claramente que existía un debate en torno a esta denominación: «¿Y qué es el Todo-Misericordioso?» (S. 25,60)

Muy pronto, sin embargo, la fórmula Bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm se convierte en la firma de actos y escritos. Abre cartas, tratados y recitaciones públicas. Así, la invocación de la misericordia modela progresivamente la conciencia religiosa de las primeras comunidades musulmanas.

Lo que esta lectura ilumina

Al colocar la misericordia en el umbral del Libro, el Corán modela una actitud interior. El creyente se acerca a Alá con confianza, consciente de depender de un Señor compasivo. La relación comienza bajo el signo de la benevolencia divina.

La fe cristiana acoge también esta misericordia, pero la contempla a través de un rostro: el de Cristo. En Jesús, la misericordia no se limita a un atributo proclamado; se convierte en presencia, palabra y entrega de sí. Se manifiesta en una relación en la que Dios se hace cercano.

Entonces surge una luz nueva: ¿la misericordia es solamente una cualidad del Dios único, o puede convertirse en comunión ofrecida al hombre? Si Dios es amor, ¿no es la misericordia la invitación a entrar en esa misma vida?

Referencias

1 1 Juan 4,8 : «Dios es amor» — El amor expresa lo que Dios es desde toda la eternidad.